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EL TORERO ALUCINÓGENO3/5/2006 Ciudad sin sueño -nocturno del Brooklyn Bridge- (Federico García Lorca)No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurreción de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rorsas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
o aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros. 12/14/2005 Las nubes (José Hierro)Inútilmente interrogas.
Tus ojos miran al cielo.
Buscas, detrás de las nubes,
huellas que se llevó el viento.
Buscas las manos calientes,
los rostros de los que se fueron,
el círculo donde yerran
tocando sus instrumentos.
Nubes que eran ritmo, canto
sin final y sin comienzo,
campanas de espumas pálidas
volteando su secreto.
Palmas de mármol, criaturas
girando al compás del tiempo,
imitándole a la vida
su perpetuo movimiento.
Inútilmente interrogas
desde tus párpados ciegos.
¿Qué haces mirando a las nubes,
José Hierro? 12/9/2005 Treno (William Shakespeare)La Belleza, la Verdad y la Rareza,
la Gracia en toda su sencillez
aquí se encierran en cenizas yacentes.
La muerte es ahora el nido del fénix
y el leal pecho de la tórtola
en eternidad reposa.
No dejan progenie,
aunque la causa no es la impotencia
sino un matrimonio casto.
Aunque la verdad parezca, no puede ser;
la belleza se elogia, pero no es.
Que la verdad y la belleza sean sepultadas.
Que esta urna reverencien
quienes sean leales y bien intencionados
y para estas muertas aves murmuren una plegaria. 11/17/2005 Ardiente secreto I (Stefan Zweig) Allá arriba debían de correr vientos con alas inmensas porque el cielo, hacía un momento limpio e iluminado por la luna, volvía a estar oscuro. Unos trapos negros, arrojados por manos invisibles, envolvían de vez en cuando la luna, y la noche se tornaba entonces tan impenetrable que apenas se podía ver el camino. Pero pronto volvía a brillar, en cuanto la luna se liberaba. Plata fría goteaba entonces sobre el paisaje. Aquel juego entre la luz y las sombras resultaba misterioso, y tan excitante como el de una mujer que tan pronto se desnuda como se cubre.
Justo entonces el paisaje volvió a descubrir su cuerpo brillante. 10/13/2005 Para un esteta (José Hierro)Tú que hueles la flor de la bella palabra,
acaso no comprendas las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.
Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas
van socavando nuestra roca.
Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!
Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.
Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raices ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.
No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.
Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar,
"que es el morir", dicen las coplas.
No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.
Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas. 10/11/2005 Al partir de la Paumanok XV (Walt Whitman)Conmigo firmemente; pero apresúrate, vamos, apresúrate.
Por tu vida, únete a mí.
(Tal vez deba ser solicitado muchas veces antes de que consienta
entregarme verdaderamente a tí; pero ¿qué importa?
¿Acaso también la Naturaleza no ha de ser solicitada muchas veces?)
No soy melindroso, "dolce affettuoso".
Barbado, tostado por el sol, encanecido, imponente, he llegado
para entablar batalla mientras avanzo en busca de los preciados
bienes del universo.
Por ello acepto a cualquiera que, con perseverancia, los gane. 10/10/2005 Yo canto al eléctrico cuerpo I (Walt Whitman)Yo canto al eléctrico cuerpo.
Los ejércitos de aquellos a quienes amo me rodean y yo los rodeo.
No me dejarán ir, a menos que vaya con ellos y les responda.
Y los purificaré y les vigorizaré por entero con el vigor del alma.
¿Alguien duda que quienes corrompen sus propios cuerpos se esconden?
¿Y que quienes profanan a los vivos tan perversos son como quiene profanan a los muertos?
¿Y que el cuerpo vale tanto como el alma?
Y sie el cuerpo no fuese el alma ¿qué es el alma? 10/8/2005 A las orillas del Sar I (Rosalía de Castro)Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco; pero es algo
que perdí no sé cuando y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
¡Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño! 10/5/2005 A una estrella (Carolina Coronado) Chispa de luz que, fija en lo infinito,
absorbes mi asombrado pensamiento:
tu origen, tu existencia, tu elemento,
menos alcanzo cuanto más medito.
Si eres ardiente, inamovible hoguera
¿dónde el centro descansa de tu lumbre?
Si eres globo de luz ¿cómo en la cumbre
no giras tú de la insondable esfera?
¿Por qué la tierra sin descanso rueda?
¿Por qué la luna el globo majestuoso
mueve, mientras tu carro misterioso
inmóvil, fijo, en el espacio queda?
¿Es que mi vista de mortal no alcanza
a percibir, desde su oscuro asiento,
allá en la altura suma el movimiento
de tu carroza, que en lo inmenso avanza?
¡Ah, sí! Que, por espíritu movida,
la creación sin descanso se sostiene,
y todo en la creación marcado tiene
forma y destino, movimiento y vida.
Tú giras, sí; tus alas soberanas
surcan el mundo y sus confines tocan...
Mas ¿cómo en su carrera no se chocan
tus millares sin número de hermanas?
Más allá de su límite prescrito,
sediento, avanza, audaz, el pensamiento,
y tu origen, tu vida, tu elemento,
menos alcanzo cuanto más medito. 10/4/2005 Epílogo III (Vladimir Maïakovski)Son cerca de las dos.
Ya te habrás acostado.
En la noche
la Vía Láctea es
una Oka de plata.
Tengo mucho tiempo
y con relámpagos de los telegramas
ya no irán
a despertarte
ni atormentarte.
Como se dice,
el incidente está zanjado.
La barca del amor
se ha estrellado contra la vida cotidiana.
Estoy en paz
con la vida.
No vale la pena
enumerar dolores,
malos momentos,
ofensas mutuas.
Fíjate:
¡qué paz en el universo!
La noche
impuso al cielo
un tributo estelar.
Esta es la hora
en que uno se levanta y habla
a los siglos,
a la historia,
al universo... 10/3/2005 Epílogo II (Vladimir Maïakovski)¿Un poco? ¿Mucho? Retuerzo las manos
y arrojo al viento
los dedos.
Así arrancamos
su secreto
a las margaritas de mayo.
Dejad que navaja y tijera descubran las canas.
Dejad que suene la plata de los años.
Confío, creo: jamás cometeré el aprobio
de sentar la cabeza... 10/2/2005 Epílogo I (Vladimir Maïakovski)Sé la fuerza de las palabras, de las palabras que tocan arrebato.
No las que aplauden a rabiar las multitudes.
Otras, esas que arrancarían de la tierra a los muertos
y los haría caminar en sus ataúdes con su paso de roble.
A veces, ni leídos ni impresos, van al cesto,
pero salen de allí y galopan como desbocadas,
atronando durante siglos mientras los trenes
vienen a lamer sus manos callosas.
Sé la fuerza de las palabras. Pequeñeces, se dirá,
pétalos caídos bajo el tacón del baile.
Pero el hombre con alma, los labios, la osamenta...
10/1/2005 Adiós (Friedrich Hölderlin)Si muerto en la deshonra, si mi alma
antes no alcanza a vengar los agravios,
si sucumbo al asedio de los envidiosos
que hunden al genio en una tumba sin gloria,
¡olvídame! ¡No salves mi nombre
de la mácula que lo cubre, corazón compasivo!
¡Avergüénzate entonces, tú que has sido tan dulce
conmigo! ¡Pero no antes!
¿Acaso no lo sé? Lejos de ti, mi ángel custodio,
lejos de ti y bien pronto, los demonios
crueles de la muerte intentarán romper
las cuerdas de mi corazón.
¡Encaneced, rubios cabellos de mi joven coraje,
desde ahora mismo, no esperéis a mañana
................... en esta encrucijada solitaria
donde el dolor asesino me ha derribado. 9/30/2005 El Aeda ciego (Friedrich Hölderlin)¿Dónde estás, jovencísima, tú que siempre
me despiertas de mañana? ¿Dónde estás, luz?
Mi corazón se ha despertado, pero la noche
aún me tiene preso de su encanto sagrado.
Antes me gustaba acechar el amanecer,
esperarte en la colina. Pero nunca en vano.
Nunca, oh Propicia, me han engañado tus heraldos,
las brisas, pues tú siempre aparecías.
Venías esparciendo la dicha por tu habitual sendero,
aparecías en tu hermosura. ¿Dónde estás?
Mi corazón de nuevo vela, mas la noche infinita
me retiene todavía.
Antaño yo gozaba de tus verdes follajes,
las flores brillaban para mí, como mis ojos;
el rostro de los míos era algo cercano
que iluminaba mi camino. Cuando joven
miraba retozar en torno a los bosques
a todas las alas del cielo.
Hoy, en cambio, me quedo solo y silencioso,
hora tras hora, y me imagino
formas hechas de la dicha y las penas
de días que fueron más claros,
y espío a lo lejos la llegada
del salvador, del amigo que me ayudará.
Al mediodía oigo a veces la voz del tonante
cuando viene con su paso de hierro.
Sacúdese la casa entonces, y el suelo tiemba
bajo su pisada, y en la montaña repercute.
También en la noche oigo a mi salvador,
que mata, libera, da la vida,
lo admiro cuando sube del poniente
al oriente. Y sonáis, cuerdas mías,
para él son vuestros acordes. Y mi canto
se reanima al acercarse, y así
como la fuente sigue al río adonde quiera,
yo voy tras su segura marcha
y me uno a su órbita errabunda.
¿Dónde, dónde estás? Te oigo aquí y allá,
oh resplandeciente! Y la tierra
resuena en torno. ¿Dónde te detendrás?
Dime, qué hay allá en lo alto, detrás
de las nubes. ¿Pero qué me sucede?
Oh, día, día que apareces por encima
de las nubes que caen, bienvenido seas!
Mis ojos se dilatan cuando llegas, astro
de mi juventud. Oh dicha, luz de antaño,
que te difundes hoy más inmaterial
desde el cáliz sagrado! Y tú, casa paterna,
y vosotros, queridos míos, que antes
me acogistes, aproximaos!
Venid a compartir este júbilo!
Venid, el que recobró la vista os bendice!
Esta felicidad es demasiado! Quitadme la vida,
arrancad este divino rayo de mi corazón! 9/29/2005 Vocales (Arthur Rimbaud)A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales
diré algún día vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de las moscas brillantes
que zumban alrededor de hedores crueles,
golfos de sombra; E, candores de vapores y de tiendas,
lanzas de tremendos ventisqueros, reyes blancos, temblor de umbelas;
I, púrpura, sangre escupida, risa de hermosos labios,
en la cólera o en las embriagueces penitentes;
U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verdosos,
paz de las dehesas sembradas de animales, paz de los surcos
que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas,
O, clarín supremo, lleno de estridencias extrañas,
silencios cruzados por los mundos y los ángeles:
- O, el omega, rayo violeta de sus ojos. 9/28/2005 Nocturno (Rubén Darío)Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno... ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo para una suave tormenta.
Insomnio! No puedo dormir, y sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas...
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta...
Ha pasado un transeúnte...
Ha dado el reloj tres horas... Si será Ella!... 9/27/2005 La muerte (Vicente Aleixandre) Ah, eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha,
bravía lucha del mar con la sed,
cantil todo de agua que amenazas hundirte
sobre mi forma lisa, lámina sin recuerdo.
Eres tú, sombra del mar poderoso,
genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire,
abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida
como un amor que con la muerte acaba.
Mátame si tú quieres, mar de plomo impiadoso,
gota inmensa que contiene la tierra,
fuego destructor de mi vida sin numen
aquí en la playa donde la luz se arrastra.
Mátame como si un puñal, un sol dorado o lúcido,
una mirada huida de un inviolable ojo,
un brazo prepotente en que la desnudez fuese el frío,
un relámpago que buscase mi pecho o su destino...
Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a tí, mar,
frente a tí, mar verticual cuyas espumas tocan los cielos,
a ti cuyos celestes peces entre nubes
son como pájaros olvidados del hondo!
Vengan a mí tus espumas rompientes, cristalinas;
vengan los brazos verdes desplomándose,
venga la asfixia cuando el cuerpo se crispa
sumido bajo los labios negros que se derrumban.
Luzca el morado sol sobre la muerte uniforme.
Venga la muerte total en la playa que sostengo,
en esta terrena playa que en mi pecho gravita,
por la que unos pies ligeros parece que se escapan.
Quiero el color rosa o la vida,
quiero el rojo o su amarillo frenético,
quiero ese túnel donde el olor se disuelve
en el negro falaz con que la muerte ríe en la boca.
Quiero besar el perfil de la mudez penúltima,
cuando el mar se retira apresurándose,
cuando sobre la arena quedan sólo unas conchas,
unas frías escamas de unos peces amándose.
Muerte como el puñado de arena,
como el agua que en el hoyo queda solitaria,
como la gaviota que en medio de la noche
tiene un color de sangre sobre el mar que no existe. 9/26/2005 Renacer (Stéphane Mallarmé)La primavera enfermiza ha expulsado tristemente
al invierno, estación del arte sereno, al invierno lúcido,
y en mi ser en el que la sangre taciturna reina,
la impotencia se estira en un largo bostezo.
Crepúsculos blancos se entibian bajo mi cráneo
que un aro de hierro encierra como una vieja tumba
y triste huelgo tras un sueño vago y bello
por los campos donde la savia inmensa se pavonea.
Luego caigo enervado por perfumes de árboles y, cansado,
excavo con mi rostro una fosa para mi sueño
mordiendo la tierra cálida en que crecen los lirios,
mientras espero, abismándome, que mi hastío se eleve...
-Entretanto el azur ríe en el seto y el despertar
de tantos pájaros en flor gorjeando al sol. 9/25/2005 Lágrima (Arthur Rimbaud)Alejado de pájaros, rebaños y aldeanos,
en un brezal cualquiera, agachado bebía,
rodeado de tiernos boscajes de avellanos,
en una tarde verde y tibia, de neblina.
¿Qué podía beber en este joven Oise,
oscuro cielo, olmo sin voz, césped sin flor,
en verde calabaza y lejos de mi choza?
Algún licor de oro, ñoño que da sudor.
Yo poco he de servir de muestra de taberna.
El temporal mudó, el cielo hasta la noche,
países negros, lagos, pértigas y la quimera
de columnas azules de las estaciones.
Corrió el agua del bosque por las arenas finas,
en las charcas, el viento, carámbanos echaba...
Cual pescador de oro o de conchas marinas.
Pensar que ni siquiera bebida deseaba! 9/24/2005 Qué queréis... (Vladimir Maïakovski)Las páginas
susurrantes
entreabren sus párpados,
y el olor
de la pólvora
insiste
en nuestras fronteras.
Nada nuevo
cae bajo el rayo
cuando uno tiene
más de veinte años.
¿Vamos a entristecernos
por eso?
¿Vamos a gritar que nos hundimos?
La historia con sus aguas bravas,
la guerra
y las amenazas
están ahí:
nosotros
seguiremos adelante
como una proa en medio del espacio. 9/13/2005 Me sobra el corazón (Miguel Hernández)Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella.
Y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué incoformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.
Hoy descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día. 9/7/2005 El fín de algo (Ernest Hemingway) Antes, Hortons Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes se salvaba del ruido de las grandes máquinas de un aserradero que había junto al lago. Pero un año se acabaron los troncos para aserrar. Entonces, las goletas de los madereros anclaron en la bahía y cargaron y se llevaron toda la madera amontonada en el corral. Desmantelaron el gran aserradero de toda la maquinaria transportable, que los mismos hombres que habían trabajado allí embarcaron en una de las goletas. La embarcación se alejó por el lago llevando las dos grandes sierras, el aparato que arrojaba los troncos contra las sierras circulares giratorias y todas las ruedas, correas y herramientas que cabían en ese enorme cargamento de madera. La bodega abierta estaba tapada con lona y de un modo hermético. Una vez henchidas las velas, el barco empezó a navegar por el lago, llevándose todo lo que había hecho del aserradero, un aserradero, y de Hortons Bay, un pueblo.
Las casas de un piso, el bodegón, el almacén de la compañía, las oficinas del aserradero y el mismo aserradero quedaron desiertos en medio de la pantanosa pradera cubierta de serrín que se extendía a la orilla del lago.
Diez años más tarde no quedaba nada del aserradero, excepto los cimientos de piedra caliza que Nick y Marjorie vieron a través del bosque renacido, mientras remaban muy cerca de la costa. Estaban pescando en bote al borde del banco que se cortaba repentinamente en bajíos arenosos de doce pies de profundidad. Se dirigían al promontorio, que era el lugar más apropiado para colocar los sedales nocturnos que atraían a las truchas califórnicas.
-He aquí nuestras viejas ruinas, Nick -dijo Marjorie.
Mientras remaba, Nick miró hacia las piedras blancas que se veían entre los árboles verdes.
-Allí está -expresó.
-¿Recuerdas cuando estaba el aserradero? -preguntó Marjorie.
-Sí, recuerdo.
-Parece más bien un castillo -opinó la muchacha.
Él no dijo nada. Remaron hasta perder de vista los restos del aserradero, siguiendo la costa. Luego, Nick atravesó la bahía.
-¿No pican?
-No -respondió Marjorie, absorta en la caña mientras remaban. No se distraía ni siquiera para hablar. Le gustaba ese deporte. Le gustaba mucho pescar. Le gustaba muchísimo pescar con Nick.
Muy cerca del bote, una trucha enorme sacudió la superficie del agua. Nick remó con fuerza, haciendo girar el bote para que el anzuelo pasase por donde estaba la trucha. Cuando asomó su espinzaco, los peces que usaba como cebo saltaron en forma salvaje. Se desparramaron por la superficie como un puñado de municiones arrojadas al agua. Del otro lado de la embarcación saltó otra trucha, en busca del preciado alimento.
-Están comiendo -indicó Marjorie.
-Pero no van a morder -dijo Nick.
Volvió a dar la vuelta con el bote, pasando entre los hambrientos peces, y se dirigió a la costa. Marjorie recogió el sedal así que llegaron a la orilla.
Detuvieron la embarcación en la playa y Nick sacó un balde con percas vivas, que nadaban en el agua del recipiente. Después cogió a tres con las manos y les cortó la cabeza y las peló, mientras Marjorie introducía las manos en el balde. Finalmente sacó una perca y empezó a hacer lo mismo que Nick.
-No hace falta arrancarle la aleta ventral -dijo él-. Lo mismo sirve como cebo, pero es mejor que tenga la aleta ventral.
Enganchó las colas de las percas peladas en los dos anzuelos del sedal de cada caña. Marjorie, por su parte, remó hacia el banco. Sostenía el hilo entre los dientes y miraba a Nick, que estaba con la caña en la playa, mientras el sedal se desenrollaba.
-Ya está bien -gritó.
-¿Lo suelto? -dijo Marjorie, con el sedal en la mano.
-Claro. Suéltalo.
Marjorie dejó caer el hilo y los cebos penetraron en el agua.
Luego volvió con el bote y se llevó el segundo sedal de la misma manera. A cada oportunidad, Nick colocó una pesada tabla haciendo cruz con el extremo de la caña para que no se moviera, y un trozo de madera más pequeño para formar el ángulo. Después devanó el sedal con lentitud hasta dejarlo tirante y establecer una línea recta desde donde el anzuelo descansaba sobre el piso arenoso, y por último aseguró el carrete regulador. De ese modo, cuando alguna trucha se acercaba a comer, el hilo daba un tirón y el ruido del trinquete fijo indicaba su presencia.
Al principio, Marjorie avanzó lentamente para no mover el sedal, pero una vez que estuvo fuera de esa zona, remó con rapidez hasta la playa, acompañada por pequeñas olas. La muchacha salió del bote y Nick lo arrastró por la arena.
-¿Qué te pasa, Nick?
-No sé -contestó éste mientras juntaba leña para el fuego.
Encendieron el fuego con la madera que el agua había llevado a la costa. Marjorie fue al bote en busca de una manta. La brisa nocturna impulsaba el humo hacia el promontorio, y por eso ella extendió la manta entre el fuego y el lago.
Después se sentó sobre la manta, de espaldas al fuego, y esperó a Nick. Éste volvió en seguida y se sentó a su lado. Detrás de ellos estaba el bosque renacido, en el promontorio, y enfrente, la bahía con la desembocadura del arroyo de Hortons. La oscuridad no era completa. La luz de la fogata iluminaba el agua. Ambos pudieron ver las dos cañas de pescar de acero, inclinadas sobre el lago. El fuego provocaba destellos en los carretes.
Marjorie abrió la cesta de la cena.
-No tengo hambre -dijo Nick.
-Vamos, Nick. Come.
-Bueno.
Comieron sin decir nada, observando las dos cañas y el fuego reflejado en el agua.
-Esta noche va a haber luna -expresó Nick, que miraba hacia el otro lado de la bahía. Las colinas se recortaban ya contra el cielo. Y él se dio cuenta de que la luna estaba ya por asomarse, más allá de las colinas.
-Ya lo sé -dijo Marjorie con alegría.
-Tú lo sabes todo.
-Oh, cállate, Nick! Te lo ruego. No seas así, por favor!
-No puedo evitarlo. Tú tienes la culpa. Lo sabes todo. Eso es lo malo, y también lo sabes.
La muchacha no dijo nada.
-Te lo he enseñado todo -continuó Nick-. No lo niegues. ¿Qué es lo que no sabes, entonces?
-Oh, cállate! Ahí sale la luna.
Se quedaron sentados sobre la manta, sin tocarse, observando cómo aparecía el astro nocturno.
-No tienes por qué decir tonterías -protestó Marjorie-. ¿Qué te ocurre en realidad?
-No sé.
-¿Cómo no?
-No, no sé.
-Anda. Dime la verdad.
Nick miró la luna, que se asomaba encima de las colinas.
-Ya no me gusta esto.
Tenía miedo de mirar a la muchacha, pero la miró. Marjorie le daba la espalda. Siguió mirándola:
-Ya no me divierte. Nada. En absoluto.
Ella no dijo nada. Nick continuó:
-Me encuentro como si todo se hubera ido al demonio en mi alma. No sé, Marge. No sé qué decir.
Todavía miraba la espalda de la mujer.
-¿Ya no te divierte el amor? -preguntó Marjorie.
-No.
Ella se puso de pie. Nick permaneció sentado, con la cabeza entre las manos.
-Voy a usar el bote -le gritó Marjorie-. Tú puedes volver a pie por el promontorio.
-Bueno -dijo Nick-. Espera, que iré a desatracar el bote.
-No hace falta -cuando dijo esto, Marjorie estaba ya dentro de la embarcación, en el agua, bajo la luz de la luna.
Nick regresó y se acostó boca abajo sobre la manta, junto al fuego. Oyó el rítmico movimiento de los remos, mientras Marjorie se alejaba.
Se quedó allí largo rato. Estaba acostado cuando Bill apareció en el claro después de atravesar el monte. Sintió que el recién llegado se acercaba al fuego. Pero Bill no lo tocó.
-¿Salió todo bien? -preguntó éste.
-Sí -contestó Nick sin abandonar su posición, con la cara pegada a la cobija.
-¿Hubo escándalo?
-No, no pasó nada.
-¿Cómo te sientes?
-Oh, vete, Bill! Déjame solo un momento.
Bill eligió un sandwich del canasto y fue a echar un vistazo a las cañas.
8/26/2005 Ephemera (William Butler Yeats)"Your eyes that once were never weary of mine
are bowed in sorrow under pendulous lids,
because our love is waning." And then she:
"Although our love is waning, let us stand
by the lone border of the lake once more,
together in that hour of gentleness
when the poor tired child, Passion, falls asleep.
How far away the stars seem, and how far
is our first kiss, and ah, how old my heart!"
Pensive they paced along the faded leaves,
while slowly he whose hand held hers replied:
"Passion has often worn our wandering hearts."
The woods were round them, and the yellow leaves
fell like faint meteors in the gloom, and once
a rabbit old and lame limped down the path;
Autumn was over him: and now they stood
on the lone border of the lake once more:
turning, he saw that she had thrust dead leaves
gathered in silence, dewy as her eyes,
in bosom and hair. "Ah, do not mourn", he said,
"That we are tired, for other loves await us;
hate on and love through unrepining hours.
Before us lies eternity; our souls
are love, and a continual farewell."
8/24/2005 Noche cerrada (Vicente Aleixandre)Campo desnudo. Sola
la noche inerme. El viento
insinúa latidos
sordos contra sus lienzos.
La sombra a plomo ciñe
fría, sobre tu seno
su seda grave, negra,
cerrada. Queda opreso
el bulto así en materia
de noche, insigne, quieto
sobre el límpido plano
retrasado del cielo.
Hay estrellas fallidas.
Pulidos goznes. Hielos
flotan a la deriva
en lo alto. Fríos lentos.
Una sombra que pasa,
sobre el contorno serio
y mudo bate, adusta,
su látigo secreto.
Flagelación. Corales
de sangre o luz o fuego
bajo el cendal se auguran,
vetean, ceden luego.
O carne o luz de carne,
profunda. Vive el viento
porque anticipa ráfagas,
cruces, pausas, silencios. Ars Vivendi (Jorge Guillén)Pasa el tiempo y suspiro porque paso,
aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta,
y no con el reloj, su marcha lenta
-nunca es la mía- bajo el cielo raso.
Calculo, sé, suspiro -no soy caso
de excepción- y a esta altura, los setenta,
mi afán del día no se desalienta,
a pesar de ser frágil lo que amaso.
Ay, dios mío, me sé mortal de veras,
pero mortalidad no es el instante
que al fín me privará de mi corriente.
Estas horas no son las postrimeras,
y mientras haya vida por delante,
serán mis sucesiones de viviente. |
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