EGO's profileEL TORERO ALUCINÓGENOPhotosBlogListsMore Tools Help

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    3/5/2006

    Ciudad sin sueño -nocturno del Brooklyn Bridge- (Federico García Lorca)

    No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
    No duerme nadie.
    Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
    Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
    y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
    al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
     
    No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
    No duerme nadie.
    Hay un muerto en el cementerio más lejano
    que se queja tres años
    porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
    y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
    que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
     
    No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
    Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
    o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
    Pero no hay olvido, ni sueño:
    carne viva. Los besos atan las bocas
    en una maraña de venas recientes
    y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
    y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
     
    Un día
    los caballos vivirán en las tabernas
    y las hormigas furiosas
    atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
     
    Otro día
    veremos la resurreción de las mariposas disecadas
    y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
    veremos brillar nuestro anillo y manar rorsas de nuestra lengua.
    ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
    A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
    o aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
    o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
    hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
    donde espera la dentadura del oso,
    donde espera la mano momificada del niño
    y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
     
    No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
    No duerme nadie.
    Pero si alguien cierra los ojos,
    ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
    Haya un panorama de ojos abiertos
    y amargas llagas encendidas.
    No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
    Ya lo he dicho.
    No duerme nadie.
    Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
    abrid los escotillones para que vea bajo la luna
    las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
    12/14/2005

    Las nubes (José Hierro)

    Inútilmente interrogas.
    Tus ojos miran al cielo.
    Buscas, detrás de las nubes,
    huellas que se llevó el viento.
     
    Buscas las manos calientes,
    los rostros de los que se fueron,
    el círculo donde yerran
    tocando sus instrumentos.
     
    Nubes que eran ritmo, canto
    sin final y sin comienzo,
    campanas de espumas pálidas
    volteando su secreto.
     
    Palmas de mármol, criaturas
    girando al compás del tiempo,
    imitándole a la vida
    su perpetuo movimiento.
     
    Inútilmente interrogas
    desde tus párpados ciegos.
    ¿Qué haces mirando a las nubes,
    José Hierro?
    10/13/2005

    Para un esteta (José Hierro)

    Tú que hueles la flor de la bella palabra,
    acaso no comprendas las mías sin aroma.
    Tú que buscas el agua que corre transparente
    no has de beber mis aguas rojas.
     
    Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
    nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
    ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas
    van socavando nuestra roca.
     
    Perfección de la vida que nos talla y dispone
    para la perfección de la muerte remota.
    Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
    ¡ay, palabras maravillosas!
     
    Tú que bebes el vino en la copa de plata
    no sabes el camino de la fuente que brota
    en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
    con tus dos manos como copa.
     
    Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
    Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
    Y olvidas las raices ("Mi Obra", dices), olvidas
    que vida y muerte son tu obra.
     
    No has venido a la tierra a poner diques y orden
    en el maravilloso desorden de las cosas.
    Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
    sin alzar vallas a su gloria.
     
    Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
    Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
    Y hechos un solo río os vertéis en el mar,
    "que es el morir", dicen las coplas.
     
    No has venido a poner orden, dique. Has venido
    a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
    Tu fin no está en ti mismo ("Mi Obra", dices), olvidas
    que vida y muerte son tu obra.
     
    Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
    por la música de otras olas.
    10/8/2005

    A las orillas del Sar I (Rosalía de Castro)

    Yo no sé lo que busco eternamente
    en la tierra, en el aire y en el cielo;
    yo no sé lo que busco; pero es algo
    que perdí no sé cuando y que no encuentro,
    aun cuando sueñe que invisible habita
    en todo cuanto toco y cuanto veo.
    ¡Felicidad, no he de volver a hallarte
    en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
    aun cuando sé que existes
    y no eres vano sueño!
    10/5/2005

    A una estrella (Carolina Coronado)

       Chispa de luz que, fija en lo infinito,
    absorbes mi asombrado pensamiento:
    tu origen, tu existencia, tu elemento,
    menos alcanzo cuanto más medito.
     
       Si eres ardiente, inamovible hoguera
    ¿dónde el centro descansa de tu lumbre?
    Si eres globo de luz ¿cómo en la cumbre
    no giras tú de la insondable esfera?
     
       ¿Por qué la tierra sin descanso rueda?
    ¿Por qué la luna el globo majestuoso
    mueve, mientras tu carro misterioso
    inmóvil, fijo, en el espacio queda?
      
       ¿Es que mi vista de mortal no alcanza
    a percibir, desde su oscuro asiento,
    allá en la altura suma el movimiento
    de tu carroza, que en lo inmenso avanza?
     
       ¡Ah, sí! Que, por espíritu movida,
    la creación sin descanso se sostiene,
    y todo en la creación marcado tiene
    forma y destino, movimiento y vida.
     
       Tú giras, sí; tus alas soberanas
    surcan el mundo y sus confines tocan...
    Mas ¿cómo en su carrera no se chocan
    tus millares sin número de hermanas?
     
       Más allá de su límite prescrito,
    sediento, avanza, audaz, el pensamiento,
    y tu origen, tu vida, tu elemento,
    menos alcanzo cuanto más medito.
    9/28/2005

    Nocturno (Rubén Darío)

    Silencio de la noche, doloroso silencio
    nocturno... ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
    Oigo el zumbido de mi sangre,
    dentro de mi cráneo para una suave tormenta.
    Insomnio! No puedo dormir, y sin embargo,
    soñar. Ser la auto-pieza
    de disección espiritual, el auto-Hamlet!
    Diluir mi tristeza
    en un vino de noche
    en el maravilloso cristal de las tinieblas...
    Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
    Se ha cerrado una puerta...
    Ha pasado un transeúnte...
    Ha dado el reloj tres horas... Si será Ella!...
    9/27/2005

    La muerte (Vicente Aleixandre)

       Ah, eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha,
    bravía lucha del mar con la sed,
    cantil todo de agua que amenazas hundirte
    sobre mi forma lisa, lámina sin recuerdo.
       Eres tú, sombra del mar poderoso,
    genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire,
    abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida
    como un amor que con la muerte acaba.
       Mátame si tú quieres, mar de plomo impiadoso,
    gota inmensa que contiene la tierra,
    fuego destructor de mi vida sin numen
    aquí en la playa donde la luz se arrastra.
       Mátame como si un puñal, un sol dorado o lúcido,
    una mirada huida de un inviolable ojo,
    un brazo prepotente en que la desnudez fuese el frío,
    un relámpago que buscase mi pecho o su destino...
       Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a tí, mar,
    frente a tí, mar verticual cuyas espumas tocan los cielos,
    a ti cuyos celestes peces entre nubes
    son como pájaros olvidados del hondo!
       Vengan a mí tus espumas rompientes, cristalinas;
    vengan los brazos verdes desplomándose,
    venga la asfixia cuando el cuerpo se crispa
    sumido bajo los labios negros que se derrumban.
       Luzca el morado sol sobre la muerte uniforme.
    Venga la muerte total en la playa que sostengo,
    en esta terrena playa que en mi pecho gravita,
    por la que unos pies ligeros parece que se escapan.
       Quiero el color rosa o la vida,
    quiero el rojo o su amarillo frenético,
    quiero ese túnel donde el olor se disuelve
    en el negro falaz con que la muerte ríe en la boca.
       Quiero besar el perfil de la mudez penúltima,
    cuando el mar se retira apresurándose,
    cuando sobre la arena quedan sólo unas conchas,
    unas frías escamas de unos peces amándose.
       Muerte como el puñado de arena,
    como el agua que en el hoyo queda solitaria,
    como la gaviota que en medio de la noche
    tiene un color de sangre sobre el mar que no existe.
    9/26/2005

    Renacer (Stéphane Mallarmé)

    La primavera enfermiza ha expulsado tristemente
    al invierno, estación del arte sereno, al invierno lúcido,
    y en mi ser en el que la sangre taciturna reina,
    la impotencia se estira en un largo bostezo.
     
    Crepúsculos blancos se entibian bajo mi cráneo
    que un aro de hierro encierra como una vieja tumba
    y triste huelgo tras un sueño vago y bello
    por los campos donde la savia inmensa se pavonea.
     
    Luego caigo enervado por perfumes de árboles y, cansado,
    excavo con mi rostro una fosa para mi sueño
    mordiendo la tierra cálida en que crecen los lirios,
     
    mientras espero, abismándome, que mi hastío se eleve...
    -Entretanto el azur ríe en el seto y el despertar
    de tantos pájaros en flor gorjeando al sol.
    9/13/2005

    Me sobra el corazón (Miguel Hernández)

    Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
    hoy estoy para penas solamente,
    hoy no tengo amistad,
    hoy sólo tengo ansias
    de arrancarme de cuajo el corazón
    y ponerlo debajo de un zapato.
     
    Hoy reverdece aquella espina seca,
    hoy es día de llantos en mi reino,
    hoy descarga en mi pecho el desaliento
    plomo desalentado.
     
    No puedo con mi estrella.
    Y me busco la muerte por las manos
    mirando con cariño las navajas,
    y recuerdo aquel hacha compañera,
    y pienso en los más altos campanarios
    para un salto mortal serenamente.
     
    Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
    mi corazón escribiría una postrera carta,
    una carta que llevo allí metida,
    haría un tintero de mi corazón,
    una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
    y ahí te quedas, al mundo le diría.
     
    Yo nací en mala luna.
    Tengo la pena de una sola pena
    que vale más que toda la alegría.
     
    Un amor me ha dejado con los brazos caídos
    y no puedo tenderlos hacia más.
    ¿No veis mi boca qué desengañada,
    qué incoformes mis ojos?
     
    Cuanto más me contemplo más me aflijo:
    cortar este dolor ¿con qué tijeras?
     
    Ayer, mañana, hoy
    padeciendo por todo
    mi corazón, pecera melancólica,
    penal de ruiseñores moribundos.
     
    Me sobra corazón.
     
    Hoy descorazonarme,
    yo el más corazonado de los hombres,
    y por el más, también el más amargo.
     
    No sé por qué, no sé por qué ni cómo
    me perdono la vida cada día.
    8/24/2005

    Noche cerrada (Vicente Aleixandre)

    Campo desnudo. Sola
    la noche inerme. El viento
    insinúa latidos
    sordos contra sus lienzos.
    La sombra a plomo ciñe
    fría, sobre tu seno
    su seda grave, negra,
    cerrada. Queda opreso
    el bulto así en materia
    de noche, insigne, quieto
    sobre el límpido plano
    retrasado del cielo.
     
    Hay estrellas fallidas.
    Pulidos goznes. Hielos
    flotan a la deriva
    en lo alto. Fríos lentos.
    Una sombra que pasa,
    sobre el contorno serio
    y mudo bate, adusta,
    su látigo secreto.
    Flagelación. Corales
    de sangre o luz o fuego
    bajo el cendal se auguran,
    vetean, ceden luego.
     
    O carne o luz de carne,
    profunda. Vive el viento
    porque anticipa ráfagas,
    cruces, pausas, silencios.

    Ars Vivendi (Jorge Guillén)

    Pasa el tiempo y suspiro porque paso,
    aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta,
    y no con el reloj, su marcha lenta
    -nunca es la mía- bajo el cielo raso.
     
    Calculo, sé, suspiro -no soy caso
    de excepción- y a esta altura, los setenta,
    mi afán del día no se desalienta,
    a pesar de ser frágil lo que amaso.
     
    Ay, dios mío, me sé mortal de veras,
    pero mortalidad no es el instante
    que al fín me privará de mi corriente.
     
    Estas horas no son las postrimeras,
    y mientras haya vida por delante,
    serán mis sucesiones de viviente.
    6/26/2005

    No es nada, es un suspiro (Luis Cernuda)

       No es nada, es un suspiro,

    pero nunca sació nadie esa nada

    ni nadie supo nunca de qué alta roca nace.

       Ni puedes tú saberlo, tú, que eres

    nuestro afán, nuestro amor,

    nuestra angustia de hombres;

    palabra que creamos

    en horas de dolor solitario.

       Un suspiro no es nada,

    como tampoco es nada

    el viento entre los chopos,

    la bruma sobre el mar

    o ese impulso que guía

    un cuerpo hacia otro cuerpo.

       Nada mi fe, mi llama,

    ni este vivir oscuro que la lleva;

    su latido o su ardor

    no son sino un suspiro,

    aire triste o risueño

    con el viento que escapa.

       Sombra, si tú lo sabes, dime;

    deja el hondo fluir

    libre sobre su imagen invisible,

    acuérdate del hombre que suspira

    antes de que la luz vele su muerte,

    vuelo también el latir del aire,

    suspiro entre tus manos poderosas.

    6/20/2005

    Versos 388 a 424 (Pedro Salinas)

    Yo no necesito tiempo

    para saber cómo eres:

    conocerse es el relámpago.

    ¿Quién te va a tí a conocer

    en lo que callas, o en esas

    palabras con que lo callas?

    El que te busque en la vida

    que estás viviendo, no sabe

    más que alusiones de tí,

    pretextos donde te escondes.

    Ir siguiéndote hacia atrás

    en lo que tú has hecho, antes,

    sumar acción con sonrisa,

    años con nombre, será

    ir perdiéndote. Yo no.

    Te conocí en la tormenta.

    Te conocí, repentina,

    en ese desgarramiento

    brutal de tiniebla y luz,

    donde se revela el fondo

    que escapa al día y la noche.

    Te vi, me has visto, y ahora,

    desnuda ya del equívoco,

    de la historia, del pasado,

    tú, amazona en la centella,

    palpitante de recién

    llegada sin esperarte,

    eres tan antigua mía,

    te conozco tan de tiempo,

    que en tu amor cierro los ojos,

    y camino sin errar,

    a ciegas, sin pedir nada

    a esa luz lenta y segura

    con que se conocen letras

    y formas y se echan cuentas

    y se cree que se ve

    quién eres tú, mi invisible.

    Lo fatal (Ruben Darío)

       Dichoso el árbol que es apenas sensitivo

    y más la piedra dura porque ésa ya no siente,

    pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

       Ser y no saber nada y ser sin rumbo cierto,

    y el temor de haber sido y un futuro terror...

     Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

    y sufrir por la vida y por la sombra y por

       lo que no conocemos y apenas sospechamos,

    y la carne que tienta con sus frescos racimos,

    y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

    y no saber adónde vamos,

    ni de dónde venimos...