EGO's profileEL TORERO ALUCINÓGENOPhotosBlogListsMore Tools Help

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    6/26/2005

    Spleen e Ideal (Charles Baudelaire)

    XXVIII. La serpiente que baila

    Ah, querida y perezosa mía, ante tu hermoso cuerpo,

    ondulante como un vestido, qué gozo admirar tu piel espejeante!

    Desde tu abundante cabellera de perfume salvaje,

    desde ese mar oloroso y errante con olas azules y oscuras,

    mi alma soñadora rumbo a un cielo lejano apareja

    cual velero surcador en vientos mañaneros.

    Tus ojos, que nada exhalan, ni ternura ni reprobación,

    son dos alhajas de frialdad con hierro y oro unidos.

    Al verte caminar rítmicamente, ha querida y perezosa mía,

    se piensa en una serpiente que en larga vara baila.

    Bajo el peso de tu indolencia, tu cabeza juvenil

    se mueve con la blandura de una cría de elefante;

    y también se inclina y prolonga tu cuerpo, tal una delgada eslora

    que a babor y estribor se mece hundiendo en el mar sus velas.

    Como río que mucho crece al derretirse glaciares rugientes,

    cuando el agua de tu boca sube al borde mismo de los dientes,

    paréceme beber un vino de bohemia, amargo y enérgico,

    un cielo líquido en mi corazón va sembrando estrellas!

    6/22/2005

    Spleen e Ideal (Charles Baudelaire)

    XXVI. Sed non satiata

    Deidad extraña, y como la noche muy morena,

    con ese perfume que une almizcle y tabaco,

    creación de algún obi, del Fausto de la paramera,

    eres bruja con caderas de ébano y criatura de medianoche,

    más que constancia, opio y tinieblas

    anhelo el elixir de tu boca donde el amor se ufana;

    cuando hacia tí mis deseos se dirigen en caravana,

    tus ojos se vuelven cisternas donde mis tedios beben.

    Con esos grandes ojos negros, tragaluces de tu alma,

    oh demonio sin piedad, viérteme menos fuego!

    Estigio no soy, capaz de enlazarte nueve veces,

    y tampoco puedo, ay!, oh Megera libertina,

    para quebrar tu ánimo y tenerte como dominada,

    convertirme en Proserpina en tu lecho del Averno.

    6/21/2005

    Spleen e Ideal (Charles Baudelaire)

    III. Elevación

    Por encima de valles y lagos,

    de bosques y montañas, de nubes y mares,

    más allá del sol y más allá del éter,

    más allá de las lindes de las esferas celestes,

    tú, espíritu mío, con agilidad te mueves,

    y como buen nadador, feliz en el agua,

    gozosamente surcas la inmensidad profunda

    con increíble y viril voluptuosidad.

    Que tu vuelo te aleje de miasmas mórbidos!

    Asciende al aire más alto y purifícate,

    y bebe, como si fuese licor puro y divino,

    la luz clara que invade los límpidos espacios.

    Cuán feliz quien con alas vigorosas

    puede irse a otras zonas, luminosas y serenas,

    más allá de los pesares y de los graves disgustos

    que con su peso entorpecen la incierta existencia!

    Feliz quien cuyas ideas, igual que alondras,

    libremente hacia el cielo suben, en las amanecidas!

    Feliz quien vuela sobre el mundo y sin esfuerzo comprende

    el lenguaje de las flores y la mudez de las cosas!

    6/20/2005

    Spleen e Ideal (Charles Baudelaire)

    I. Bendición

     

    Cuando por decreto de las supremas potencias,

    en este mundo de hastío aparece el Poeta,

    su madre, espantada y blasfemando

    a Dios que apiadado la mira, le muestra sus puños:

    "Ay, no haber parido un nido de víboras

    en vez de a un ser tan irrisorio!

    Maldita la noche aquella de efímeros placeres

    cuando mi vientre concibió mi propia expiación!

    Puesto que entre todas las mujeres me elegiste

    para ser la tristeza de mi asqueado marido,

    y puesto que a las llamas no puedo arrojar,

    como una carta de amor, a este monstruo enano,

    haré que tu odio, que me abruma, recaiga

    sobre el instrumento maldito de tus maldades,

    y tanto retorceré a este arbusto canijo

    que no brotará nada de sus apestadas yemas."

    Así se va tragando y soltando la espuma de su odio,

    y al no comprender los designios eternos,

    ella misma prepara en lo hondo de la Gehena

    las hogueras justicieras de los crímenes maternos.

    No obstante, bajo el amparo invisible de un Ángel,

    el niño detestado se extasía de sol,

    y en todo cuanto bebe y come

    saborea néctar bermejo y ambrosía.

    Con el viento juega y con las nubes habla,

    y se embriaga al cantar, camino de la cruz;

    el Espíritu que en su peregrinación le acompaña

    llora al verlo dichoso como un pájaro del monte.

    A cuantos amar anhela, con temor le observan,

    o incluso enardecidos ante su tranquilidad,

    se deciden por herirle, y lo consiguen,

    demostrando gran ferocidad.

    En el pan y en el vino que a su boca destinan

    mezclan ceniza con asquerosos salivazos;

    con hipocresía van tirando todo cuanto él toca,

    y reconocen que en su andar ellos se interponen.

    Por calles y plazas su mujer va pregonando:

    "Ya que tan hermosa le parezco y mucho me adora,

    desempeñaré el ofício de los ídolos antiguos,

    y quiero que, como a ellos, de oro se me cubra.

    Me embriagaré con nardo, incienso y mirra,

    en éxtasis de adoraciones, viandas y vinos,

    saber quisiera si de un corazón que me admira

    puedo usurpar, riéndome, los homenajes divinos.

    Y cuanto ya esté herida de esas farsas impías,

    en mi amante posaré mis manos frágiles y fuertes;

    mis uñas, iguales a las de las harpías,

    para ir a su corazón sabrán abrirse camino.

    Ese corazón tan rojo de su seno he de arrancarlo

    como un pajarillo que tiembla y que palpita,

    y al suelo, con desprecio, se lo arrojaré

    a mi animal preferido y que así se sacie."

    El Poeta, serenamente, sus piadosos brazos alza

    al cielo y allí sus ojos ven un trono maravilloso,

    los intensos relámpagos de su lúcido espíritu

    le privan del espectáculo de los pueblos furiosos:

    "Bendito seas, Dios mío, por repartir el dolor

    como divino remedio de nuestras impurezas,

    dolor que das como la esencia mejor y más pura

    que a los fuertes prepara a las delicias santas!

    Ya sé que al poeta reservas un sitio

    en las filas felices de las legiones sacras,

    y que ya le invitaste a la fiesta eterna

    de los Tronos, Virtudes y Dominaciones.

    No ignoro que el dolor es la nobleza máxima

    y que los infiernos y la tierra jamás la alcanzarán,

    y que para trenzar mi corona mística es preciso

    la colaboración de todos los tiempos y universos.

    Pero para tan hermosa diadema deslumbradora y pura

    nada bastaría; ni las alhajas perdidas de la antigua

    Palmira, ni los metales desconocidos, ni las perlas

    del mar que tus manos engarzan;

    Diadema sólo formada por vívidos destellos

    que brotan de la luz santa de los rayos primeros,

    y cuyos ojos mortales en su completa fulguración

    no son sino espejos ensombrecidos y plañideros!"